Quiero compartirles algo que tengo hace una semana en mi cabeza.

En mis clases tengo un niño hermoso, juguetón y gracioso, niño al cual le podremos “Juanito”. Pero Juanito a pesar de ser encantador, es también un poco extraño. En realidad está lleno de excentricidades y según mi opinión profesional es el típico niño no diagnosticado de “algo”, el cual siempre será el niño diferente.

Entonces me encuentro con dos opciones:

1.- Conversar con los padres, y contarles mi visión sobre lo que sucede con su hijo, pedirles que lo lleven a un centro para que puedan evaluar sus habilidades, etc.

2.- No decir nada.

Con las personas que he conversado sobre este tema me han dado una respuesta muy sencilla y práctica: Hablar con los padres, ya que ellos son los que tendrán la última palabra. Y yo habré cumplido mi labor de maestra. Y la verdad que aunque soy muy consciente que esto es lo que debo hacer, hay algo que no me lo permite, y ese algo se llama “etiqueta”.

Tengo MIEDO de que Juanito pase de ser un niño al cual todos apreciamos por quién es, a ser un niño etiquetado. Que ya no sea Juanito el niño curioso y pase a ser “Juanito, el niño Asperger” (ejemplo). Y es que en nuestra actualidad cuando un niño tiene algún tipo de diagnóstico, este diagnóstico se convierte en un apellido más: Mateo, el niño Down; Luciana, la que tiene TDAH, etc.

Sé cuál es la decisión correcta, pero sigo con miedo a las etiquetas, miedo a la discriminación, miedo a la lástima, miedo a la sociedad.

 

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